domingo, 5 de julio de 2009

La caída de las gotas

Nos ha encantado la delicada reseña que la ilustradora italiana Anna Castagnoli ha hecho en su blog de nuestro libro "El aplastamiento de las gotas". Hemos querido incluír la traducción de dicha reseña y dejar un enlace a la entrada original.

“El aplastamiento de las gotas” (aplastamiento puede traducirse como aplanamiento, derrota) es una maravillosa poesía de Julio Cortázar. El escritor argentino describe en tono dramático y con mucho detalle los movimientos de las gotas en un día de lluvia, como se deslizan sobre el cristal, su caída, el suicidio de una, la excitación de otra… hasta el último adiós. Metáfora de nuestra fragilidad humana, la poesía muestra tan sólo las gotas. Ahora, antes de continuar leyendo el post, escuchad la poesía recitada por el mismo Cortázar, después cerrad los ojos y preguntaos cómo la habríais ilustrado vosotros si un editor os lo hubiera pedido. “No sé, mira, es terrible como llueve…”

Elena Odriozola la ha ilustrado con una elegancia casi japonesa, donde el vacío, lo esencial, aquello que no se dice, son los protagonistas. Y nos ha dado un ejemplo de las cimas que pueden alcanzar la ilustración y el arte de la interpretación de un texto.

En la primera doble página, una mujer está frente a la página blanca de la izquierda. El texto inicia su canto: no sé, mira, es terrible como llueve… Nunca una página en blanco ha estado más repleta de gotas de agua, de misterio. Si la ilustradora hubiera llenado de deliciosas gotitas (o de violentas líneas, como queráis) la página de la izquierda, no se habría estimulado tanto nuestra fantasía.

En la página siguiente la mujer permanece inmóvil, la posición de sus manos apenas ha cambiado, tenemos la repentina sensación de que sólo han pasado pocos segundos desde la escena anterior (un gran ilustrador sabe crear el “tempo” entre sus páginas y darle un ritmo). La mujer no se ha movido pero la cámara sí, ha hecho un movimiento hacia la derecha. La página blanca de la izquierda ha sido engullida por el movimiento de la cámara, y en el espacio que se ha creado entra en campo un hombre.

La ilustración de un libro no termina en los bordes de sus páginas, (ya hablamos de esto en el análisis del estilo de Carll Cneut), y con este delicadísimo movimiento de cámara esto es todavía más evidente: el espacio blanco de la primera página sigue ahí, pero ahora está fuera del libro y su vacío vibra de manera todavía más potente: ahora vemos (imaginamos) una ventana de perfil, gotas que caen sobre los cristales, ¿y qué más? ¿Un jardín? ¿Una calle? ¿Un bosque? La voz narradora nos indica que mirar, estas gotas que se aplastan contra el cristal, se deslizan, caen…

Todo el libro funciona entorno a este principio: los encuadres son fotogramas de una película donde la cámara se mueve continuamente hacia la derecha, después a la izquierda, con movimientos contenidos, lentos. La distancia entre los protagonistas es siempre la misma. En las últimas imágenes aparecerá a la izquierda el perfil de una puerta-ventana y el final dramático de la poesía se atenuará por el gesto del hombre que sale y entra de nuevo trayendo a la mujer una flor mojada.

Tenemos un texto que habla sólo de gotas de agua y un libro en el que no aparece dibujada ni una sola gota de agua. Pero, al final del libro, tenemos las manos mojadas. Nos han caído gotas de agua sobre los ojos.

Quizá no tenemos el dramatismo de la poesía de Cortázar, Odriozola ha elegido expresar aquello que se encuentra detrás de la poesía (su significado más íntimo), estamos viendo las emociones del mismo Cortázar, cuando en un día de lluvia siente toda la fragilidad de su ser humano, mientras algo fuera, en el húmedo espacio del mundo, muere.


Reseña original: La caduta delle gocce
Traducción: Rebeca Cavero

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